Un memo
Soy cristiano y católico, malo en lo uno y peor en lo otro, pero me siento orgulloso de serlo. Nunca fui bea- to ni cantamañanas. Cuando lo he creÃdo justo, he criticado y comentado con dureza –y por qué no escribirlo, con ira– las palabras, acciones y perversiones de algunos obispos.
En diciembre de 1987 fui expulsado de la Cope por mis crÃticas a monseñor Setién, el mayor enemigo que ha tenido la Iglesia en España en el último tercio del siglo XX. Años después, en 1999, Luis Herrero me invitó a colaborar en su programa de la Cope, pero la autoridad eclesiástica no me habÃa perdonado.
Abrumado, me llamó Luis para comunicarme que mi presencia en la Cope se consideraba indeseable. En 1992, escribà un artÃculo en ABC que indignó a los miembros y simpatizantes del Opus Dei. Era una broma, pero aprendà que con las creencias y los sentimientos religiosos las bromas no son siempre oportunas.
Se habÃa inaugurado el AVE y monseñor Escrivá de Balaguer –hoy San JosemarÃa Escrivá de Balaguer– iba a ser proclamado Beato de la Iglesia. Mi artÃculo se titulaba «El BAVE», Beato de Alta Velocidad Española. Recibà centenares de cartas y llamadas, casi todas ellas respetuosas y doloridas. No fui insultado, ni amenazado ni vejado. Cuando son heridos, los buenos cristianos demuestran su formación. Me arrepentÃ.
Nunca, al contrario, me he arrepentido de haber usado la plenitud de mi libertad de expresión y mi condición de católico escandalizado contra la miseria moral y humana de determinados obispos, especialmente monseñor Setién. Coincidiendo con mi expulsión de la Cope, como consecuencia de unas repugnantes declaraciones de Setién pocos dÃas después del atentado de la ETA contra la Casa-Cuartel de la Guardia Civil de Zaragoza –murieron cinco niñas, hijas de guardias civiles–, el Rey, en su alocución navideña, se sintió obligado a «rechazar con decisión a quienes hacen correr la sangre de los españoles, vÃctimas de sus atentados criminales, y también a quienes los amparan, disculpan o justifican, cualesquiera que sean sus posiciones polÃticas, sociales y religiosas».
Dicho esto, quiero reafirmarme en el orgullo de ser un defectuoso cristiano y un incordiante católico. Pertenezco a la Iglesia y formo parte de la civilización cristiana que ha evolucionado a través de los siglos y cuya influencia ha facilitado los mayores avances de libertad, igualdad y respeto a los derechos de la humanidad. Creo que los cristianos, buenos o malos, vamos a vivir tiempos difÃciles. El laicismo ha pasado a ser de una situación personal a una meta polÃtica.
El laicismo consiste, entre otras cosas, en perjudicar a la Iglesia a la que pertenece el 75% de los españoles y beneficiar la enseñanza del islam. El laicismo se ha convertido también en la obsesión de unos tontos. Por ello no hay que enfadarse por los ataques vulgares y sucios que un pobre presentador de programas basura de Telecinco pueda dedicar a los católicos. Basta con no sintonizar su programa. No hay que darle importancia –se llama Jordi no se qué– a las chorradas de un memo.
Alfonso Ussia
